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Cuando tu vida se derrumba

Creo que todos en algún momento de nuestras vidas hemos visto como se derrumba lo que hemos construido. Es el momento en el que el trueno cae y la torre se destruye, bien podría considerarse un llamado de atención para darle un giro radical a lo que veníamos haciendo y resurgir de entre las cenizas.

Eso me sucedió a mediados de 2018. Me encontraba trabajando en un periódico digital (el cual no nombraré porque resultó que tuvo nexos turbios con el gobierno federal en turno) y de un día para otro me dieron las gracias. Llevaba trabajando con ellos cerca de tres años dando soporte a su sitio web y era una buena entrada de dinero.

Me dieron las gracias, firmé que no los iba a demandar y puff… adiós ingresos. Mi naturaleza siempre ha sido de tendencia positiva, pero en esa época justo comenzaba a vivir con mi novia y necesitaba esa entrada para nuestro fondo de ahorro. Duro golpe.

Después vinieron las elecciones y comenzó un periodo turbulento: nadie quería gastar porque la llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder era inminente y la gente con el capital tenía (tiene) la psicosis colectiva de que México se transformaría en Venezuela.

Las ventas comenzaron su declive. Generalmente sucedía durante época de elecciones, lo había vivido en 2012 con la entrada de Peña, pero nada tan grave.

Positivamente pensé: «este pedo se va a componer.» Nope.

Fuckin’ 2019

Llegó 2019 y fue uno de los años más duros que he tenido. La gente con capital siguió aferrada a que México estaba a punto de convertirse en Venezuela y la comunidad empresarial empezó a retener las inversiones, las compras… todo. De hecho eso da para otra entrada acerca del crecimiento nulo de México en 2019.

Pero tampoco puedo quejarme (tanto). Desde que era pequeño siempre he querido hacer cine. Películas. Historias que a mi me gustaría ver en la pantalla grande. Mi fuente de ingresos se estaba extinguiendo y… ¿por qué no intentar hacer cine?

Aprendí a escribir guiones de cine cuando tenía 20 años, aproximadamente. Leí a todos los gurus: McKee, Field, Snyder. Había leído también cientos de guiones que encontré en internet… Así que me di a la tarea de escribir mi primer guion. Lo terminé en tres semanas, era una película de zombies y la verdad es que lo leí el otro día y (tal vez mi narcisismo crónico me empuja a decir lo siguiente) la verdad es que quedó muy bien. En otra ocasión les hablaré de como intenté levantar esa película con toda mi inexperiencia.

Debo decir que como hobby estuve escribiendo otros guiones más a lo largo de los años (uno por año para largometraje) y dirigí un corto que seguramente vivirá en la infamia y el olvido. Por lo menos le agarré la onda a esto.

Pero bueno, volviendo al punto… era el final de 2018. Junto con mi hermano hicimos el ejercicio de escribir una película. Quedó bien a secas y fue lo necesario para reactivar mi objetivo de hacer cine. Pero también quería escribir una serie y me puse a investigar.

Escribir una serie es un reto en si mismo, no solo es escribir un guion, es escribir una biblia, un documento que contiene la esencia del proyecto. Tardamos un par de meses pero lo logramos. Escribimos una serie. ¿Ahora que chingados?

Entramos con un proyecto de serie (guion del piloto y biblia) a Filmarkethub, un sitio que ha probado ser un fraude total, pero eso es otra historia. Lo que saqué bueno de eso fue que daban una acreditación de industria para el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, el FICG.

Así que en 2019 tomé mis ahorros e invité a mi novia a la aventura de ir al festival y hacer el pitch de la serie a diversos productores. Tampoco voy a revelar con quienes me reuní, pero si estaban pesados. A la mayoría les gustó el proyecto e inclusive me dijeron: «Es algo que nunca se ha hecho en México.» Después comprendí que no era un cumplido el que me dijeran eso.

2019 fue un año de seguir perdiendo clientes. A la mayoría les bajaron las ventas y como mi especialidad era trabajar con PyMEs, realmente me fui metiendo más y más en un hoyo.

Cada vez tenía menos clientes. La agencia digital para la que trabajaba como freelance empezó a atrasarme pagos (y eso que me debían pagos desde 2018). No me convino más seguir ahí, así que simplemente dejé de trabajar con ellos, habiendo perdido dinero.

Todo el proceso que comenzó en 2018 culminó en 2019. En alquimia se habla del nigredo, en donde todo debe de morir para poder renacer.

Un nuevo enfoque

Así que ya es 2020. Desde finales de 2019 me estoy reinventando. Hice desarrollo web por casi 10 años y terminé harto. En paralelo estuve haciendo crítica cinematográfica, entrevistas, levantamiento de vídeo, escribiendo artículos, redactando noticias… No me canso de hacerlo.

Dicen que no tener dinero y ser pobre son dos cosas distintas. El estarme reinventando me está dejando sin dinero. Mi cuenta bancaria está prácticamente en ceros. No puedo darme los gustos de antes.

A pesar de eso y de estar en el mundo material, no importa. Las cosas van bien con mi novia y me ha apoyado. Este año queremos mudarnos. Busco empleo y a la par estoy buscando levantar los proyectos de series y largometrajes que he escrito con mi hermano desde 2018. Es darle un nuevo sentido a la vida.

2020 se perfila para ser un gran año. Estoy prácticamente en ceros con el edificio derrumbado, sin dinero, pero con amor. Con proyectos, muchos proyectos. Ahora que termino de escribir esta entrada me doy cuenta de algo: Mi mundo no se ha derrumbado. Solo se ha destruido mi forma de verlo y eso es bastante bueno. El dinero importa, pero no tanto como pensaba.

La verdad es que nada está tan jodido realmente y siempre podría ser peor. Hay que hacer lo posible por no caer en lo «peor.»

Sigo luchando por hacer cine y series. Tenemos seis proyectos listos y ahora los vamos a empaquetar. Abrimos una casa productora (Zodiac Bros) y vamos adelante. Me han dicho «no» en casi todas las casas productoras de México. ¿Por qué no hacerlo por mi cuenta?

En fin, bienvenidos al blog.

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